martes, 19 de septiembre de 2017

Finalistas Concurso Manga Norma 2017

Desde que abrí el blog me dediqué a hacer un repaso personal a los finalistas del anual Concurso Manga de Norma en sus ediciones de la VI a la IX pero debido al descenso de la calidad de las propuestas de los últimos dos años dejé ese repaso fuera del contenido del blog. Sin embargo, escribo hoy estas líneas precisamente porque estoy gratamente sorprendida con las propuestas recién reveladas como finalistas de la presente edición del concurso. Como siempre, voy con mi top tres:



La primera historia que me llamó la atención por su diseño de personajes, estilo y trama fue esta obra de fantasía con un toque amargo ya desde el principio. Aunque es de mis favoritas por el aura decadente que desprende, reconozco que se trata de un inicio de lo más ambiguo del que difícilmente puede predecirse el rumbo que tomará la historia, lo que la convierte en una apuesta arriesgada. En cualquier caso, destaca por su madurez y creo que se merece aparecer en este top.



En todas las ediciones del concurso hay una mayoría de propuestas inspiradas en los esquemas del shonen o el seinen pero siempre hay una que sigue, en mayor o menor medida, el cánon de las obras de demografía shojo y en esta edición El pescador de estrellas destaca por su calidad y originalidad. Sinceramente, si no fuese porque hay una obra absolutamente excepcional entre los finalistas, habría votado esta propuesta... este concurso me lleva generando frustración por este mismo motivo desde sus primeras ediciones, es una lástima que sólo pueda haber un ganador.

1) Reboot


Reboot es un soplo de aire fresco. La experiencia en el sector de Manu Kuroudi López no puede ignorarse, muy lejos queda aquel primer tomo de Ataraxia que le sirvió de puente para crear una obra excelente a lo largo de la cual fue depurando su estilo hasta conseguir ese grafismo tan característico, con un dominio inmejorable de los efectos en blanco y negro y unas líneas increíblemente limpias y dinámicas. Así, su estilo de dibujo es el más atractivo de entre todas las propuestas, con muchísima personalidad y dominio no sólo de las expresiones faciales sino también de los fondos, con lo que no deja ningún aspecto sin cubrir. Además, la magnífica portada a todo color sugiere que se ha quitado de encima también su asignatura pendiente en su obra anterior. Su protagonista Cisco nos cae bien inmediatamente y se las apaña para presentar muchísimos detalles en muy pocas páginas. No puedo esperar a leer la continuación.

Dejando de lado mi top de favoritos, no quería dejar de comentar otras cosas que me llaman la atención entre los demás participantes. Como todos los años, la mayoría de finalistas pecan por los mismos motivos. Hay una obsesión por escoger Japón como escenario o, al menos, aunque se trate de la más pura fantasía, poner nombres japoneses a los personajes por doquier como sucede en Ryoko o Superior baseball; especialmente flagrante es este último caso en que todos tienen nombre japonés pero se comenta literalmente "no sabemos siquiera si habla español".


Bajo mi punto de vista, otro error común es el de hacer un despliegue artístico en las diez páginas que dictaminan las bases del concurso sin introducir ningún argumento que guíe un poco al lector sobre los pasos que podría seguir la obra, como es el caso, por ejemplo, de Eugenesis. Y, por supuesto, no podían faltar las "inspiraciones" en obras manga de éxito publicadas por la propia Norma Editorial... especialmente el dúo creativo formado por Ohba y Obata que sirven de referentes tanto a nivel argumental como gráfico.


Dicho todo esto, insisto en que estoy asombrada con la calidad en general de casi todos los finalistas, son más de tres las obras que considero dignas de ganar el concurso pero han conseguido colarse en mi top al tratarse de géneros que no me entusiasman como la comedia o el spokon. Con esta entrada abro la veda para volver con energías renovadas a escribir reseñas, últimas lecturas y demás entradas relacionadas con el manga tras un par de meses de parón.

Por si os interesa:
- Repaso a los finalistas de las ediciones de 2011, 2012, 2013 y 2014 (enlace haciendo click sobre cada año)
- Reseña del ganador del VI concurso: El síndrome del hilo enredado, de Lolita Aldea y Miguel Gómez Cabrero

viernes, 15 de septiembre de 2017

Inercia

Voy tres años tarde pero creo que me acabo de enamorar de (la obra de) Antonio Hitos. En realidad estoy siendo un poco tramposa aquí porque sí leí hace cosa de un año el primer número de Voltio en el que él participó pero ya que se trata de una antología lo paso un poco por alto.


Quizá es porque pertenezco a la misma generación que el autor pero no he podido evitar sentirme identificada con el protagonista de Inercia, incluso cuando nuestras «trayectorias vitales» no tienen nada que ver. De hecho, mucho me temo que yo todavía me dejo llevar más por la inercia que el propio Jaime. Si reflexiono un poco sobre el tema creo que, hasta cierto punto, prácticamente todo el mundo se ha dejado llevar siempre por la inercia pero digamos que la nuestra se ha tornado más bien en apatía.

Los personajes de Inercia son jóvenes pero viven asqueados, o están en paro o tienen trabajos que odian, se hartan a comer fast food mientras comentan lo poco sana que es, deben enfrentarse constantemente a la frustración de haber alcanzado la edad adulta siendo en realidad adolescentes que a duras penas sobreviven por su cuenta. Por si esto fuera poco, hay un enfrentamiento claro e irreconciliable con los demás, con la gente, con el mundo en general. El protagonista trabaja en una tienda de música por lo que día a día debe interaccionar con todo tipo de personas y atender a sus estrafalarias peticiones o soportar con calma zen los modales de algunos clientes. Así que sube la apuesta y retrata nuestra sociedad actual con un amplio de miras sorprendente sin salirse nunca del rígido punto de vista establecido.


Por si las anécdotas costumbristas no fueran ya una de mis debilidades, aún me maravilla Hitos con una divagación del protagonista en que reflexiona sobre el origen único y común de todos los seres vivos del planeta y la serie de viñetas que acompaña dicho discurso; o el autor es un forofo de la biología o se documentó con inestimable precisión mientras dibujaba las páginas de Inercia. Es un regalo para la vista. Y encima critica también la homeopatía, es que no le puedo pedir nada más a un cómic.

Inercia es la primera obra larga del autor pero nadie lo diría. Sé que suelo ser muy repetitiva con los comentarios del tipo "no está mal pero se nota que el autor es novel" pero en este caso no puedo decir otra cosa que chapeau, aunque vaya con tres años de retraso porque pocas obras he leído que hayan resonado tanto en mí y que encima sean tan redondas porque es que incluso en el desenlace triunfa el autor abarcando ya cualquier tema que pueda ser relevante para el lector. Creo que el único detalle que me chirría en esta obra es su localización en un país anglosajón, quizá Estados Unidos, innecesaria ya que es una historia que podría tener lugar aquí mismo.


A nivel gráfico he visto pocas genialidades que estén al nivel de Antonio Hitos. Todo en su estilo es llamativo y característico, el uso del color, el diseño de personajes, sus muecas, la arquitectura de las viñetas y los juegos que consigue con su distribución. He disfrutado como pocas veces lo hago con el aspecto más puramente estético del volumen, tanto que incluso si la historia no me hubiese gustado lo podría recomendar a modo de libro de ilustraciones.

Con el overbooking aparentemente aleatorio de lecturas de la biblioteca me parece muy significativo que el sello Salamandra Graphic se haya llevado un porcentaje tan elevado de mis últimas reseñas, sobre todo teniendo en cuenta que no es que saquen muchos álbumes al año. Visto el éxito tengo muchas ganas de echarle el guante a otros títulos de la editorial que, además, me han recomendado con énfasis.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Un policía en la luna

Me encuentro en una de esas situaciones en las que lo último que quiero es escribir una reseña que tarde más en leerse que el propio cómic que comento. Un policía en la luna no es un cómic mudo pero bien podría serlo. Lo cogí con ilusión en mi bienamada biblioteca después de haber catado ya a Tom Gauld con su recopilatorio de tiras cómicas Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora, del que no llegué a hablar en el blog porque no tiene argumento como tal aunque me proporcionó alguna que otra risotada. Tenía mucha curiosidad por saber qué trama era capaz de hilar alguien con tanto ingenio como para concebir una tira cómica semanal.


El título se explica por sí solo ya que esta obra se centra, precisamente, en un policía destinado en la Luna. Aunque en algún momento de su vida fue él mismo quien quiso trabajar allí, ahora solicita un traslado de vuelta a la Tierra en vista de que todos están abandonando el solitario satélite y ya no consigue recordar por qué quiso ir en primer lugar.

Hace un tiempo leí un hilo de Faye en que comentaba lo ilógico que le parecía que el cómic (casi) nunca se clasifique por géneros en las librerías; es decir, siempre hay una zona (más o menos grande) destinada a todo tipo de cómics pero estos están, como mucho, separados por país de procedencia (con la separación más clara siendo la de manga, cómic americano, BDs y una sección adicional para los tebeos patrios), nunca por género. Pero el formato en viñetas permite que Un Policía en la Luna pudiese colocarse tanto en la sección de ciencia ficción como en la de poesía.


Lo de la ciencia ficción es obvio, al fin y al cabo ya en la portada se puede ver a un señor con traje de astronauta que se pasea por los cráteres lunares y, en cuanto nos situamos en un escenario extraterrestre todo el mundo es rápido en asignarle el género a una obra, al menos a las novelas. Sin embargo, Tom Gauld opta por aprovechar la extravagancia de dicho escenario para poner de relieve una serie de reflexiones existencialistas, un recurso que, por otra parte, caracteriza numerosas novelas del género y, por supuesto, también otros cómics (se me ocurre el caso de Yuna).

Lo de la poesía se me ocurre por la rígida disposición de viñetas, que me recuerda a la necesidad de contar las sílabas de cada verso; por las metáforas, un recurso que caracteriza sin duda tanto a esta obra como a este segundo género; y, por supuesto, por el lirismo, por ese «show, don't tell» llevado al máximo exponente en una obra donde una de las acciones más transcendentales del protagonista consiste en comerse una rosquilla.


Es pues ésta una obra minimalista. En todos los sentidos. Lo es en dibujo, lo es en diseño de personajes, lo es en cantidad de los mismos, lo es en palabras, en escenario, en cualquier cosa excepto quizá en su mensaje. Es difícil saber si Tom Gauld pretendía hacer una crítica social en la línea de sus tiras cómicas para The Guardian o si simplemente le apetecía contar qué podría hacer o pensar un policía en la luna. Los diálogos que aparecen son escasos (debido a la muy reducida población lunar) y breves pero ninguna palabra se ha escogido al azar.

Un policía en la luna es un gigantesco «cuidado con lo deseas porque podría hacerse realidad» que le sirve al autor para ahondar, una vez más, en nuestra humanidad, en lo que somos, en por qué hacemos lo que hacemos y, sobre todo, en nuestra naturaleza como seres sociales.

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Eres mi madre?

Cuando me enteré de la mera existencia de esta obra pensé que sería relativamente similar a Fun Home. Es decir, un esquema parecido pero sustituyendo al padre de Alison por su madre. Sin embargo, supongo que era obvio que no iba a ser lo mismo hablar de un padre que falleció y con el que nunca tuvo una gran relación que hablar de su madre, dispuesta a revisar con lupa cada una de las palabras que escribiese su hija sobre ella, a modo de filtro de calidad previo a la entrega del manuscrito a la editorial.


De la misma forma que Fun Home se centraba en la homosexualidad de Alison a través de la de su padre, ¿Eres mi madre? se centra en la fragilidad psicológica de la autora, partiendo de la premisa de que todos sus problemas emocionales se nutren de una relación disfuncional con su madre desde su misma concepción.

Me atrevo a afirmar que ¿Eres mi madre? gira en torno a las distintas sesiones de psicoterapia primero y psicoanálisis más adelante a las que se ha sometido Alison desde que falleció su padre, pero que abordan con reiteración la relación con su madre. De hecho, ya en el primer capítulo nos muestra un esquema cronológico para ayudarnos a ubicar un poco mejor los saltos temporales que caracterizan a toda la obra en el que destaca la presencia preeminente de las dos psicólogas que la han tratado por encima de las distintas parejas que ha tenido. Pero no solo a estas sesiones hace referencia sino también a todo el autoaprendizaje que realizó Alison a base de leer exhaustivamente literatura técnica de reputados psicoanalistas desde Freud hasta Winnicott.


Después de todo un año es posible que no recuerde lo suficientemente bien Fun Home como para hacer este tipo de comparaciones pero me da la sensación de que allí la autora integraba mejor guión y dibujo mientras que ¿Eres mi madre? es, a todas luces, un ensayo sobre psicoanálisis. El problema aquí es dual. Por un lado, soy tremendamente reticente a esta práctica: una rama de la psicología que nació a partir de los sinsentidos de Freud difícilmente será de mi  agrado. Ya me ocurrió con Un método peligroso (una película sobre Carl Jung, un discípulo de Freud) y con otra novela gráfica, Cautivo, que ni siquiera reseñé en el blog de lo poco que me transmitió.

Por el otro (lado), por mucho que entienda ese ansia por transmitir el conocimiento que ha resultado revelador para uno mismo, Alison intenta sintetizar en una sola novela gráfica toda una serie de teorías psicoanalíticas que ha ido incorporando a lo largo de las décadas. Los extractos literales de todos esos libros pueden encontrarse por decenas en las páginas de ¿Eres mi madre? Por mucho que la autora se haya esmerado en la selección de fragmentos, el exceso de jerga (que ella misma reconoce hacia el final) dificulta la lectura, excesivamente intrincada para los profanos en la materia.


Otro célebre personaje con el que Alison establece paralelismos sin parar es Virgina Woolf, lo cual no deja de parecerme escabroso teniendo en cuenta su final. Así, va hilando retazos de su propia vida con una combinación de obras y memorias de Woolf, estableciendo continuamente puentes entre todas ellas y volviendo siempre a la misma búsqueda de sentido de la maternidad, la feminidad y, en última instancia, de la posición que cada uno ocupa en el mundo.

En una obra con un título tan llamativo resulta irónico que una de las características que tienen en común tanto Virgina como Winnicot como Alison sea, precisamente, que todos decidieron renunciar a tener hijos. A juzgar por lo que cuenta la propia Alison, Virginia no pudo evitar plasmar en sus novelas su tormentosa relación con sus padres mientras que Winnicot dedicó toda su vida profesional a investigar la psique de madres y recién nacidos y como la primera afectaba a la segunda. Por su parte, Alison es reconocida internacionalmente por las biografías que ha realizado de su padre primero y de su madre después.


¿Eres mi madre? no ha sido para nada la lectura que esperaba y es posible que sólo por eso ya se me haya hecho cuesta arriba pero, a la vez, ha sembrado el interés por una serie de temas e ideas que estoy segura de que van a seguir rondándome la cabeza durante un tiempo. Alison Bechdel demuestra una capacidad de introspección titánica acompañada de una sinceridad abrumadora que nos permiten asomarnos con claridad a todas sus inseguridades y dudas sobre su vida que son, a su vez, sobre la misma creación de esta obra, hasta que ya no se puede discernir una de la otra.

martes, 22 de agosto de 2017

Cuadernos Japoneses

Tras Los Pies Vendados, del autor chino Li Kunwu, Casualmente, del autor japonés residente en Reino Unido Fumio Obata y Ladronzuela, del autor surcoreano Micheal Cho, le tocó el turno a Cuadernos Japoneses, de Igort, en este caso un autor italiano que vivió y trabajó en Japón durante una larga temporada. Lo que comenzó con el deseo de querer alejarme un poco del manga tras leer la maravillosa y desenfadada primera entrega de Giant Days terminó en una selección accidental de títulos que en mayor o menor medida giraban en torno al continente asiático ya fuese por la nacionalidad de sus autores, por el emplazamiento de la historia o por su trama principal. Y así es como acabé con Cuadernos Japoneses entre mis manos donde un autor occidental explica, entre otras cosas, cómo vivió él la creación de manga.


Igort sintió una profunda fascinación por la cultura, arte y tradición japonesas desde su juventud, lo que le llevó a hacer numerosos viajes a Japón, residiendo allí durante largas temporadas mientras trabajaba para una editorial tan prestigiosa como Kodansha. Estos cuadernos japoneses no dejan de ser una mezcla entre diario y ensayo en que el autor aborda de forma caótica diversos aspectos del país nipón, centrándose quizá en los más llamativos tanto a nivel histórico como personal.

Gran parte de este volumen aborda distintas personalidades japonesas incluyendo tanto novelistas como mangakas por lo que Igort repasa la vida y obra de autores tan variopintos como Mishima, Tanizaki, Jiro Taniguchi, Osamu Tezuka, Hayao Miyazaki, Yoshiharu Tsuge, Shigeru Mizuki, Hokusai Katsushika sin ningún orden particular. Aunque el manga tiene, por lo tanto, un importante peso a lo largo de los cuadernos (no en vano serializó uno el propio Igort durante años) hay espacio también para hablar de cine, samurais, monjes y geishas, en un intento por comprender el espíritu japonés a partir de sus manifestaciones artísticas y culturales.


Sin embargo, al querer hacer un repaso tan amplio de Japón en sus más diversas vertientes, el volumen final parece compuesto por parches que se han ido colocando uno tras otro tal y como se le iban ocurriendo al autor. No hay un hilo, ni temático ni cronológico, y el autor salta de sus experiencias personales a lo aprendido investigando continuamente. Aún así, cada pequeña pieza de información es tan interesante que la estructura es lo de menos. De hecho, esa combinación de hechos (más o menos objetivos) con experiencias (más o menos subjetivas) resulta muy equilibrada ya que ambas actúan de forma sinérgica para tener un punto de vista lo más amplio posible en ese afán imposible de comprender un país entero.

En lo que al manga respecta, se nota el interés genuino del autor, que no sólo habla de los que para él son grandes mangakas sino también de cuál fue la inspiración de éstos. Disfruté en especial un pasaje en que narra su encuentro con Taniguchi, en el que hablaron sobre las diferencias entre el manga y la bande dessinée, en que el reconocido mangaka se lamenta de su lentitud (tomando como estándar el ritmo semanal japonés de 20 páginas) mientras que Igort señala que en el mercado franco-belga (y europeo por extensión) se suelen hacer tan sólo 48 páginas al año (para sorpresa del japonés). Y, dejando de lado las menciones obvias a nombres de la talla de Tezuka o Miyazaki, me sorprendió mucho el interés por Tsuge, del que aquí hemos podido catar El Hombre sin Talento (mencionado directamente en Cuadernos Japoneses) y La Mujer de al lado.


Entre tantísimos datos interesantes, confieso que me apena que la única mujer que se destaca entre los cuadernos es Abe Sada, una prostituta, embustera y homicida que alcanzó gran notoriedad en la sociedad japonesa. Me cuesta creer que entre tanto personaje ilustre masculino sea ésta la única mujer que mereciese ser mencionada en los cuadernos de Igort.

El formato es de lo más extravagante. Hasta tal punto que no creo haber encontrado antes unos cuadernos que combinen cómic mudo, ilustraciones, prosa y cómic, tanto a color como en blanco y negro, todo mezclado sin ton ni son, siguiendo el mismo caos ordenado de los temas que se tratan, el salto de formato delimita cada pequeño capítulo, si es que los puede llamar así.


Cuadernos Japoneses es una obra que transmite por todos sus poros la fascinación de su autor por Japón y que, a la vez, anima al lector a indagar sobre su cultura. Personalmente, me ha dejado con muchas ganas de seguir con esta inmersión cultural y aunque tenía la lectura de Red Red Rock estancada creo que es un buen momento para retomar a Hayashi Seiichi. En cualquier caso, le reconozco a Igort el mérito de haber logrado el éxito en un país racista y con tanta aversión por los gaijin.

lunes, 14 de agosto de 2017

La Historia de mis Tetas

Este verano he dejado un poco abandonado el manga pero no el cómic. Así he dejado atrás las batallas entre titanes, las intrigas políticas, los amoríos de instituto y tantos otros arcos argumentales que siguen y preceden a otros dentro de historias de las que yo no recuerdo el inicio y cuyo final podría no poder leer hasta dentro de varios años. Eso me llevó a otro tipo de títulos que siempre parecen tener en común la introspección de sus autores, la pretensión de llevar el formato del cómic a un propósito más elevado que el del simple entretenimiento, de transmitir un mensaje, de hacer reflexionar. Y pensaba que, a grandes rasgos, lo había conseguido. Hasta que vi La Historia de mis Tetas como novedad en la biblioteca al ir a devolver algunas de mis últimas lecturas y, una vez más, no me dejé amedrentar ni por el título, ni por la portada ni por lo que pesa, literalmente, esta novela gráfica de 350 páginas.


Creo que la última vez que un cómic me impactó de esta forma fue hace un año, cuando me adentré en Fun Home, de Alison Bechdel que también decidió contar con mucho garbo la historia de su vida, con especial énfasis en su orientación sexual y la relación con su padre. En el caso de Jennifer Hayden decidió que, más que contar su vida, podía contar la de sus tetas, protagonistas absolutas de sus acontecimientos vitales. Desde su infancia y adolescencia, cuando estaba totalmente acomplejada por la falta de ellas, hasta su vida adulta, cuando le diagnosticaron cáncer de mama y debió realizarse una mastectomía.

La Historia de Mis Tetas es una autobiografía muy completa en que su autora se desnuda ante miles de desconocidos para contarnos toda su vida, incluyendo su primer amor, la relación con sus hermanos y sus padres, los momentos que más feliz la han hecho y también los que más dolor le han provocado, y mucho, muchísimo más. Cuenta cosas tan íntimas con tanto detalle que es inevitable sentirse intrusa en una vida ajena, casi como si te estuviera contando más de la cuenta. Pero lo hace de forma tan distendida, con tanto humor, quitando hierro hasta a la propia muerte, que es fácil sacudirse esa sensación de encima.


Creo que este cómic se ha vendido como una obra sobre el cáncer y, por supuesto, en cierta forma lo es ya que son muchas las personas que forman parte de la vida de la autora, ella misma incluida, las que sufren esta dolencia a lo largo de sus vidas pero esa consideración me parece reduccionista. De hecho, teniendo en cuenta que se trata de una autobiografía (aunque sea a través de sus tetas como protagonistas), decir que es un cómic sobre cáncer sería como afirmar que toda la vida de Jennifer Hayden se resume a su cáncer. Y ella cuenta tantísimas cosas más...

A mí me parece más una historia sobre la vida, la muerte, el amor, la familia, la amistad, el entenderse a una misma, perseguir tus sueños, pero también a saber cuándo tienes que sacrificarte, sobre madurar, aceptarse y quererse. Es un cómic integral, con muchísima información, muchos matices, muchos detalles, de esas obras que te hacen meditar incluso cuando no las tienes entre las manos y que, al menos en mi caso, no se pueden digerir en un solo día, con lo que durará algunos días encima de la mesilla.


La autora reflexiona, por ejemplo, sobre la (ausencia de) importancia del aspecto físico, sobre qué te hace realmente mujer, sobre qué cosas son las que realmente importan en la vida. La pérdida está muy presente en toda la obra, y la muerte irrumpe en la narración cuando el lector menos se lo espera. Aunque aparecen decenas de personajes durante la obra, fiel retrato de la cantidad de personas con las que conectamos de forma significativa a lo largo de nuestra vida, y aunque su dibujo se caracteriza por su extrema sencillez, siempre es fácil recordar de quién se trata y seguir leyendo sin perder el hilo.

Utiliza mucho simbolismo para intentar explicar a través de imágenes recurrentes todo aquello que pertenece al mundo del intangible, como el halo que despide una persona que vive sin reparos ni remordimientos o el de aquella que sabe que se acerca su hora. Aparece a menudo un pájaro que actúa a modo de voz de la conciencia, siempre sarcástico, riéndose tanto de la ingenuidad como estupidez de la autora en cada error que ha cometido. ¿Os imagináis la enorme capacidad de introspección necesaria para evaluarse a una misma de esta forma? Siguiendo con el simbolismo, la huida de casa de sus padres la refleja como una barca que zarpa de un barco que se hunde a marchas forzadas mientras que su propia progresión en la vida la hace navegando río abajo, dejándose llevar por la corriente. Así es como aprovecha al máximo todas las posibilidades que le ofrece el cómic, y que no podría explorar en una novela convencional.


Me parece fascinante la forma tan natural de ilustrar sus relaciones interpersonales, ya fuese con su pareja, sus hermanos, sus padres, sus suegros o cualquier conocido. Tiene un desparpajo y una sinceridad abrumadoras, algunas de las viñetas bien podrían pertenecer a una de esas tiras cómicas de estilo costumbrista en que tantos autores se esfuerzan por reflejar la enésima escena de pareja que arranque una carcajada cómplice del lector. Porque, además del cáncer o la maternidad, es indudable que La Historia de Mis Tetas es la historia de Jennifer y Jim, y de su relación de largo recorrido, resistiendo todos los baches del camino y forjándose el uno a la otra y viceversa a través de los años.

Otro tema principal de la obra es la incertidumbre con la que viene acompañada la llegada a la vida adulta, cuando una tiene que decidir cómo ganarse la vida y todos los pequeños, y no tan pequeños, quehaceres que eso conlleva. Sacarse el carnet de conducir, comprarse un coche, una casa, casarse, formar una familia... La lista es infinita e inabarcable.


La narración es brillante y se apoya en cuatro pilares: los cuadros de texto en los que realmente nos cuenta su vida en primera persona, los diálogos entre los personajes, el dibujo y, por último, los comentarios descriptivos en las viñetas, que casi se fusionan con el arte, moldeándose al dibujo cuánto sea necesario. Es la combinación de estos cuatro elementos la que permite a Jennifer Hayden crear una historia tan fluida, tan divertida y tan entretenida, todo a la vez.

Llegada a este punto de la reseña, tengo la terrible sensación de haber escrito demasiado para no decir prácticamente nada pero eso es síntoma inequívoco de que he disfrutado tanto la lectura de esta obra que no sé ni cómo explicarlo así que en fin, echadle un ojo por favor, de verdad que es una joya.

viernes, 11 de agosto de 2017

Ladronzuela

Creo que he comentado esto ya muchas veces estos años pero... ¿sabéis esos cómics que tenéis que hojear sí o sí sólo por la portada? Ladronzuela es uno de ellos por supuesto, se trata del típico título que ya tenía en la wishlist de Bookdepository desde antes de que La Cúpula anunciase su publicación en España y, cosa rara, es una de aquellas extraordinarias ocasiones en que la edición española es más barata que la original.


Corrina lleva trabajando en una agencia publicitaria cinco largos años. Lo que comenzó como un trabajo temporal en la gran ciudad para darse tiempo de buscar algo más acorde a sus aspiraciones artísticas, ha terminado por convertirla en una esclava. Poco a poco, va acumulando frustración tras frustración al sumarse la frustración que le genera su trabajo con la incapacidad para salir de su situación. Tal es su nivel de ansiedad, que termina por realizar pequeños hurtos en grandes superficies, no porque lo necesite, simplemente por rebelarse contra un sistema que la hace infeliz todos los días. 

Llegados a este punto ya estaréis preparados para lo que sigue. Sí, toca comparar este título con Casualmente, estando ambas obras protagonizadas por mujeres, jóvenes pero adultas, independientes, en momentos decisivos de su vida en que deben tomar una decisión por sí mismas, destilando sensibilidad por los cuatro costados (no puedo decir femenina porque, oh sorpresa, ¡tanto la historia de Fumiko como la de Corrina están contadas por hombres!), siendo ambos títulos sendas primeras novelas gráficas de cada autor.


Si el tema central de Casualmente era el choque cultural y la muerte del padre, Ladronzuela nos transporta a otra realidad demasiado actual, la crisis existencial tras terminar los estudios en el momento de enfrentarse al mercado laboral. Aunque la forma de contar y enfocar el dilema no tenga nada que ver, no pude evitar las reminiscencias al trabajo de Inio Asano mientras leía este cómic, increíblemente redondo y llevadero teniendo en cuenta que es la obra debut de Michael Cho.

Aún sin tener grandes aspiraciones, Ladronzuela es una historia en que el más mínimo detalle está ahí por algún motivo, el autor no deja ninguna viñeta al azar. Corrina estudió filología inglesa y terminó trabajando en una agencia publicitaria cuyo trabajo le importa un comino, de hecho, hasta cierto punto, se avergüenza de su labor. La ironía de este cómic está en que todos los fondos, tan trabajados, están repletos de vallas publicitarias; en que cuando Corrina llega a casa se encuentra panfletos publicitarios dirigidos a su perfil demográfico; en que en sus escasos momentos de ocio habla con una compañera sobre las aplicaciones para conocer gente en que ella misma debe ofrecerse como un producto más que publicitar.


Así, mientras ella ayuda a grandes compañías a vender sus innecesarios productos, ella es bombardeada para que compre otros productos igualmente innecesarios hasta que, unas páginas más adelante, podemos ver el envoltorio de alguno de ellos en su cubo de la basura. Es este tipo de narración muda, sutil, en un segundo plano, la que me entusiasmó de esta historia que, por lo demás, es bastante simplona.

Con su breve extensión, no llega a las 90 páginas de cómic, el autor apenas puede desarrollar una idea y es el punto de inflexión en la vida de Corrina. El plantel de personajes es por lo tanto muy limitado y poco trabajado, los pequeños robos de Corrina, aunque muy significativos, son casi anecdóticos y la resolución de la trama peca de simplista en exceso.


La edición es perfecta, como decía al principio, única en su especie, lo suficientemente pequeña (no tanto como un tomo manga estándar pero sí minúscula en comparación con un BD o la mayoría de novelas gráficas) como para poder leerla tumbada boca arriba y sin la innecesaria tapa dura de la versión original. El color rosa del bitono de este cómic es perfecto y da un contraste inmejorable a la tinta negra, sin muchos contornos y aun así con un dibujo increíblemente nítido.

Poniéndolo todo en una balanza, no he podido evitar deleitarme con este cómic ya que aborda reflexiones que resuenan con mi estado mental actual así que esta vez quiero ser cauta a la hora de recomendarlo. Si buscáis una obra sencilla, entretenida, que se lee en un suspiro, con una protagonista con la que es muy fácil sentirse identificada y que además tiene un gato que rescató de la calle en casa, no dejéis de darle una oportunidad a Ladronzuela.

martes, 8 de agosto de 2017

Casualmente

Junto con Los Pies Vendados, otro título que cayó en el botín de la biblioteca tras la lectura de Giant Days fue Casualmente, de Fumio Obata. Desde aquel salón del cómic hace un par de años al que no pude ir porque andaba por tierras holandesas, cuando Spaceman Project todavía era Spaceman Books e invitó al autor al salón para promocionar la salida de este cómic, desde entonces recuerdo querer leer esta obra.


Hace muchos años que Yumiko decidió dejarlo todo y abandonar su Japón natal para mudarse a Londres. Desde entonces se ha ido adaptando a la vida de la metrópolis hasta tal punto que siente cierto desprecio por los turistas japoneses que se encuentra por la calle y, en general, por todo lo que caracteriza a la sociedad donde la criaron. De nuevo se prepara para hacer un corto viaje de vuelta a casa, salvo que esta vez no se trata ni de trabajo ni de vacaciones, su padre ha fallecido.

Mientras leía Casualmente no me podía quitar de la cabeza otra obra con ciertos paralelismos, El almanaque de mi padre, en que Jiro Taniguchi narra, de forma similar, el viaje solitario de un hijo a su pueblo natal tras la muerte de su padre. En ambas obras los protagonistas deben afrontar la pérdida de una persona literalmente vital en sus vidas pero a la que habían dejado de lado en cierta forma durante muchos años, una persona de otra época, con otras creencias y costumbres.


Con tintes autobiográficos, Fumio Obata cuenta el choque cultural que supone cada viaje de vuelta a Japón una vez integrados (Yumiko y Fumio) a la vida en Londres. Aborda este tema numerosas veces a lo largo de la obra aunque nunca de forma directa. Todo se resume en miradas reprobadoras y pequeños gestos: el rechazo hacia las propias costumbres y el sentimiento de superioridad por haberse alejado de esa visión retrógrada y cuadriculada de la sociedad.

Aunque no sea patente en la portada de la versión española, toma mucho protagonismo el teatro , un arte tradicional japonés que se caracteriza principalmente por las máscaras que portan todos los actores. El autor utiliza este simbolismo como metáfora para ilustras los conflictos internos de Yumiko, que quiere desligarse de todo lo que es japonés pero que se sabe tan sumisa al país nipón como lo es el actor a la máscara Nō.


Con sus virtudes, su precioso y característico estilo de dibujo, la narración tranquila y fluida, el lujo de los detalles, y un tema clásico e imperecedero como es la muerte del padre, aderezado con otro motivo frecuente, la búsqueda y aceptación de una misma, Casualmente se me antoja como una obra algo inmadura que, aunque agradable de leer, no deja mucho poso sobre el que reposar.

jueves, 3 de agosto de 2017

Los Pies Vendados

Giant Days me despertó el apetito por los cómics no japoneses y acabé en la biblioteca, después de mucho tiempo, a ver qué encontraba. Dio la casualidad que hacía muy poco había leído un pequeño reportaje sobre la costumbre bárbara de vendar los pies a las mujeres chinas como símbolo de belleza y erotismo así que cuando me topé con el impactante título lo cogí sin pensármelo mucho a pesar de no haber oído hablar antes de dicho cómic.


Para los profanos, como yo, quiero aclarar (brevemente) en qué consistía exactamente esta tradición de "vendar los pies" ya que, sin conocimiento de causa, puede parecer algo relativamente inocuo. Tener los pies vendados quería decir, en realidad, que a una edad temprana (hacia los 5 años de forma óptima) se les deformaban los pies a las niñas a propósito, apretando los dedos del pie contra la planta y vendándolos rápidamente con fuerza para mantener la deformación antinatural. Por supuesto, para conseguirlo, era necesario romper los dedos en el proceso y resultaba extremadamente doloroso. Esto se hacía con el objetivo de que una vez adulta, los pies de la mujer no superaran los 7 centímetros de largo (coged una regla que tengáis a mano y llevaros las manos a la cabeza). Esta deformación obligaba a las mujeres que la sufrían a caminar con dificultades, con un bamboleo característico que se consideraba erótico. Lo mismo ocurría con los pies, siempre vendados y en unos zapatos tradicionales con decoración profusa, que también despertaban las más enfermizas filias.

Las mujeres con los pies vendados no podían trabajar en el campo, aspiraban a convertirse en mujeres de hombres ricos y, básicamente, se convertían en floreros para la posteridad. Se trata de una práctica común en China durante varios siglos, que se realizaba a casi todas las mujeres de alta alcurnia y a unas pocas afortunadas entre los campesinos que aspiraban a mejorar la clase social de la familia a base de concertar matrimonios de provecho. Si queréis saber más sobre el tema, hay información abundante en la red, incluyendo fotografías de cómo eran en realidad esos pies al quitar la venda; no son para todas las sensibilidades, avisados quedáis.


Li Kunwu es un artista veterano reconocido a nivel internacional por su obra autobiográfica Una vida en china. En Los pies vendados no se aleja mucho de sus temas de interés habituales, narrando la vida de Chunxiu, la que fuera su niñera cuando era todavía un niño, tal y como ella misma se la contó. Se trata pues de una obra biográfica en que, a través de la historia personal de Chunxiu, enfatizando siempre cómo todos los puntos de inflexión de su vida tuvieron algo que ver con sus pies, el autor aprovecha para contar los movimientos convulsos que hubo en China el siglo pasado con la instauración del nuevo régimen. Tanto es así, que a veces una duda siquiera si Los Pies Vendados es realmente la historia de esta mujer o si en realidad sus experiencias son colaterales al guión del cómic con páginas enteras (de su centenar escaso) dedicadas a conversaciones entre hombres en el mercado o llenas de propaganda política, que son las que realmente permiten apreciar cuál era la situación del pueblo en la China rural de la época.

El título que hoy me ocupa ofrece pues una lectura entre líneas, cargada de intención, en que se critica con dureza la sociedad china y su evolución en el último siglo sustituyendo una lacra por otra. Si la infancia de Chunxiu se caracterizó por los últimos coletazos del imperio, y su juventud por tiempos convulsos de cambio y radicalización, su vida adulta y vejez constituyeron una huida continua, con el pasado siempre a cuestas, sin visos a mejorar nunca, sabiéndose sola e impotente pero, a pesar de todo, aceptando su destino y tirando hacia delante, agarrándose a la vida con orgullo a pesar de ser vista como una lacra por y para la sociedad.



Los Pies Vendados es una lectura sofocante, con viñetas oscuras y sucias, emborronadas, con mucha emoción contenida. No hay viñetas particularmente explícitas. El autor se vale de otros recursos para reflejar la crueldad de la práctica de vendar los pies. De hecho, Chunxiu es un personaje contemplativo, cuyos silencios dicen mucho más que sus palabras. Li Kunwu incluye al inicio de su novela gráfica fotos de los objetos que les dejó Chunxiu, y que tantas veces aparecen a lo largo de la obra. Es esta proximidad, el saber que esta historia no tiene nada de ficticio, la que hace que este cómic impacte tantísimo. A pesar de lo crudo que es, me parece un homenaje magnífico a la estupidez, ignorancia y determinación humanas así que os recomiendo su lectura sin reservas.

Fuente: Vendado de pies, Wikipedia [Accedido el 20 de julio de 2017]

domingo, 23 de julio de 2017

Antiguos Alumnos #1

Ya se terminó la semana delirante y sus entradas diarias pero como esto no es exactamente un primer tomo en su sentido estricto y, a fin de cuentas, he dedicado entradas enteras a cada uno de los tomos que he leído hasta la fecha de Asumiko Nakamura, Antiguos Alumnos no iba a ser menos.


Antes de empezar, quiero ser un poco redundante con lo de que este tomo no puede considerarse como debut de una historia ya que, por mucho que se trate de un nuevo título, no puede seguirse el hilo sin haber leído antes, ya no sólo En la misma clase sino también Sorano y Hara. Como ya sugiere el marcapáginas de regalo, Antiguos alumnos recoge a todos los personajes aparecidos hasta ahora en los 4 tomos previos, añadiendo algunos nuevos; de hecho, me parece una adaptación brillante del intraducible título original O.B. (Occupation to Beloved), que refleja muy bien el contenido de la obra. ¿Y por qué insisto tanto con esto? Pues porque así entenderéis por qué he decidido no escribir una sinopsis.

Asumiko Nakamura gusta mucho de historias cortas pero parece que se encariñó tanto con Kusakabe y Sajo que tenía la necesidad de seguir contando sus idas y venidas tras el final de En la misma clase. Se podría decir que estos dos tomos son una recopilación de epílogos de todas las tramas anteriores, para que podamos saber qué ocurre después de sendos "finales felices". Kusakabe y Sajo tienen que aprender ya no sólo a llevar su relación a distancia sino también a cuidarla y mantenerla cuando todo lo demás está cambiando en sus vidas debido al trabajo/universidad. Ambos son tan encantadores como siempre y es... refrescante verlos en plan recién casados (¡metafóricamente hablando! no se casan de verdad, por desgracia, en Japón ni siquiera es legal).


Puede que la historia más loca de todo el tomo sea la protagonizada por Koma, el amigo diseñador de Hara, que, a raíz de un reencuentro inesperado, recuerda una época de su juventud algo desenfrenada. Así, la autora va saltando a placer entre pasado y presente, mostrando lo mucho que han cambiado las cosas con el paso de los años para terminar concluyendo que, quitando alguna que otra arruga, tanto Koma como Ryuu no han cambiado nada en absoluto y difícilmente pueden dejar atrás los errores del pasado.

Cierra este tomo un capítulo centrado en Arisaka y Hibiki, los que fueran personajes secundarios en Sorano y Hara. Por mucho que ya no sean profesor y alumno y que hayan conseguido salvaguardar su relación, Arisaka sigue manteniendo las distancias con el menor. Mientras que la ambigua relación entre ambos continúa en punto muerto, el vínculo de Arisaka con su hija está a punto de dar un vuelco, ahora que ésta va a casarse y quiere retomar el contacto con su progenitor. Y poco más puedo decir ya que este capítulo es una "primera parte" que concluye el tomo con lo que la historia podría virar en cualquier dirección en la siguiente entrega. Aunque no son personajes que me dijeran mucho en Sorano y Hara, la autora ha conseguido despertar mi curiosidad en muy pocas páginas así que espero el segundo y último tomo de Antiguos Alumnos con ganas.


Todavía está por llegar el día en que lea algo de esta mangaka y no me guste. En este caso la recomendación es muy fácil, si os gustó En la misma clase (que espero que sí) no podéis dejar de leer esta continuación tan dulce que acaba de atar algún que otro cabo suelto.

jueves, 20 de julio de 2017

Giant Days

Fandogamia empezó a abrirse camino en el mundo del cómic hace ya tres años. Desde entonces, han venido licenciando una mezcla de lo más heterogénea de títulos incluyendo tebeos (españoles), BDs (francobelgas), cómic (americano) y, por supuesto, manga. Aunque he seguido con interés sus licencias y, de hecho, compré tanto el primer tomo de Corazón de Melón como el Sketchbook de Xian Nu porque ya sabéis que soy una fan incondicional de este par de artistazas, el resto de títulos de la editorial no acababa de llamarme la atención. Hasta que vi la portada de Giant Days y dieron con la tecla.


Susan, Esther y Daisy acaban de comenzar la universidad y enseguida se han hecho amigas. Les emociona su nueva vida en la residencia pero, a la vez, no tienen ni idea de la que se les viene encima. Amargos reencuentros, rupturas dolorosas, experimentación insospechada, un gripazo psicodélico y mucho mucho más en apenas las primeras semanas tras el comienzo de curso.

Hacía una barbaridad que no leía cómic americano, tengo tanto manga pendiente que siempre me cuesta encontrar un momento para echarle un ojo a un mercado que a estas alturas me parece inabarcable. Pero los CM de Fandogamia me hicieron un favor a base de spammear día sí día también sobre la inminente salida de este lanzamiento. Estaba ya medio convencida para echarle el guante a Giant Days cuando desde la editorial española subieron el primer capítulo gratis. Y ahí ya supe que tenía que estar en mi estantería.


Soy incapaz de escoger entre Susan, Esther y Daisy. Susan es la voz de la razón y el sentido común, la estudiante de medicina con los pies en el suelo pero que en realidad desborda malhumor por todos sus poros, sufre una adicción a la nicotina muy mal llevada y un revanchismo pueril. Esther viene a ser una versión crecidita de dos personajes que me llevaban de cabeza cuando era adolescente: Emily the Strange y Raven (de Vampire Kisses); una chica gótica con una propensión natural al drama, extrovertida, segura de sí misma... Mientras que Daisy es la típica chica reservada, tranquila e inocente, que una vez entra en la universidad no tiene medida y no sabe dónde poner el límite. Me maravillan estas tres porque si desordeno sus cualidades y las reagrupo a mi antojo obtengo algo muy parecido a lo que fue mi núcleo de amigas durante la universidad.

Tiene un ritmo increíble, se nota mucho el origen como webcomic ya que cada página es un mundo en sí misma, no hay una sola viñeta desaprovechada. Todos los personajes tienen su miga, no solo las tres protagonistas. En tan solo cuatro capítulos el autor se las arregla para abordar la orientación sexual, el feminismo mal entendido, el consumo de drogas, el peligroso alcance de las redes sociales... con un guiño sublime a las fotocopias de fotocopias de los noventa. Está el cómic lleno de réplicas ingeniosas, incluyendo un recordatorio de por qué no hay que tomar antibióticos cuando se pilla un resfriado (gracias gracias gracias). En fin, canela en rama.


Para suerte o desgracia, Giant Days se lee solo, cuando te quieres dar cuenta has llegado a la galería de portadas del final y estás gritándole a Fandogamia vía redes sociales cuándo van a sacar el siguiente porque este primer tomo sabe a poco y deja con muchísimas ganas de más. Os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo al menos al primer capítulo subido gratuitamente, se lee a la velocidad de la luz y es la mejor de las muestras de lo que encontraréis en Giant Days.

martes, 18 de julio de 2017

... después de la lluvia

Koi wa Amaagari no You ni es el título real de este manga pero, sinceramente, creo que la mayoría de vosotros tenéis las mismas nociones de japonés que yo (o sea, ninguna) así que me parecía absurdo poner el título en rōmaji. La siguiente opción era tirar de traducciones oficiales (y extraoficiales) al francés o al inglés pero eso sería incluso más absurdo que la primera opción. «Love is like after the rain» es la traducción más fiel pero en las lenguas románicas chirría tanto que para la licencia francesa lo dejaron simplemente en «après la pluie»... y al final he optado por hacer prácticamente lo mismo en castellano con el añadido, muy sutil, de unos puntos suspensivos a modo de prefijo para intentar representar ese "amor" del título original.


Akira Tachibana tiene 17 años, trabaja en un restaurante familiar por las tardes al salir del instituto, tuvo una lesión que le hizo abandonar el atletismo y está enamorada de su jefe, de 45 años. No puedo añadir nada más a esta sinopsis porque os estaría engañando, ese es todo el argumento de Koi wa Amaagari no You ni. Y, por mucho que se publique en una revista seinen, no os llevéis a engaño, tiene el mismo ritmo que Kimi ni Todoke así que, aunque acumula ya ocho tomos recopilatorios, no ha habido ningún avance significativo en el desarrollo de ningún personaje ni tampoco de las relaciones que se establecen entre ellos.

¿Y una premisa tan simple da para tantos capítulos? No lo dudéis. Jun Mayuzuki se desenvuelve con maestría en una narración muda, visual, con escenas llenas de sutilezas, donde el lector pueda sumergirse en los sentimientos que destilan sus múltiples silencios. Es muy posible que tengan más diálogo los secundarios que la pareja protagonista, formada por la meditabunda Akira y el reflexivo Kondou que, como mucho, se pierde en monólogos internos. Si los silencios están ahí para emocionarnos, los diálogos son para hacernos reír, con múltiples referencias y gags.


Lo de que una estudiante de instituto, menor de edad, se enamore perdidamente de un señor de cuarenta y tantos tacos que, además, está divorciado, tiene un hijo, no ha prosperado nada a nivel profesional, al que se le cae el pelo y, encima, súper ruidoso cuando estornuda (que tengo entendido que en Japón es de muy muy muy mala educación), suena mucho a punto de partida absurdo irreal idealizado. Y lo es pero, a mi parecer, está enfocado de una forma muy acertada, alejándose de lo que podría haber sido más hentai que otra cosa. La gracia de Después de la lluvia es que Kondou es incapaz de procesar la declaración de amor de su subalterna, no entiende qué ha visto en él y en ningún momento se plantea una relación con ella. De ningún tipo que no sea la estrictamente profesional. Como adulto con responsabilidades que es, y con su experiencia amorosa fallida, tiene muy claro que no está para esos trotes y sus pensamientos giran en torno al qué dirán y en cómo huir de la situación hasta el punto que ni siquiera se plantea si siente algo por Akira.

Paralelamente a la (no) relación entre ambos, la autora dibuja pinceladas de la lesión de Akira, de lo que le gustaba correr, de lo importante que era en su vida y de lo vacía que quedó al tener que renunciar al deporte. Es una forma casi poética de contarlo porque nunca nadie habla del tema pero a la vez está muy patente en los múltiples planos a la cicatriz que le quedó tras la operación, con todo lo que eso implica.


En cuanto a los personajes, es muy posible que Akira esté terriblemente mal construida y su amor espontáneo por Kondou es lo único que la sostiene como personaje por lo que, en mi opinión, queda un poco coja como protagonista que se supone que es. Se caracteriza por ser más bien introvertida, muy madura, distinta a sus compañeras de clase aunque luego tiene un montón de pequeños detalles para recordarnos que no deja de ser una adolescente que todavía cree en los amuletos que traen buena suerte en el amor y cosas así. Quizá es también que le falta una amiga del alma para hablar de tonterías típicas de la edad y eso la convierte en un personaje muy distante, difícil de comprender. Justo en el extremo opuesto está Kondou, muchísimo más humano y cercano, con sus reflexiones de señor que debe enfrentarse a la falta de concordancia entre lo joven que se siente y lo viejo que se ve frente al espejo.

Descubrí este seinen gracias a/por culpa de Javi, en una encuesta que hizo vía twitter para sondear el interés de varios manga inéditos por aquí. Me llamó tanto la atención el dibujo que no me pude resistir a la posibilidad de procrastinar... no me arrepiento de mi decisión. Os recomiendo este manga abiertamente si buscáis una lectura sencilla, fluida y divertida. Yo estoy resistiendo la tentación de comprarlo en francés pero si alguien se animase a licenciarlo en España me parece que sería ya incapaz de no caer en la tentación.

domingo, 16 de julio de 2017

[Nuevas lecturas] Ran y el mundo gris

Me he dejado para el final el mejor de los manga que he empezado a leer últimamente. Un seinen de 7 tomos que estuve a punto de comprar en francés, cuya licencia no esperaba para nada por estos lares y, menos aún, de la mano de la pequeña Tomodomo pero, visto en perspectiva, ¡qué otra editorial podía traernos tal joya a España!


Ran busca desesperadamente sus zapatillas Nike aunque le vayan muchas tallas grande mientras que Jin, su hermano mayor, se empeña en esconderlas. Cuando la madre de ambos hace acto de presencia, empiezan a ocurrir extraños fenómenos en el vecindario. A pesar de ser apenas una chiquilla, Ran tiene muchísimo potencial aunque va a necesitar que alguien le enseñe a controlarlo. Sé que es una sinopsis terrible pero la experiencia de leer este primer tomo sin tener ni idea de qué iba me resultó tan sumamente grata que no querría estropeárosla...

Pensad en las historias de magical girls de vuestra infancia. O en la magia tan particular que destilan la mayoría de obras del colectivo CLAMP. En los personajes arrolladores, extravagantes y llenos de personalidad que protagonizan las películas de Ghibli. Añadidle un dibujo es-pec-ta-cu-lar. Ahora ya lo podéis meter todo en una coctelera y os saldrá algo parecido (aunque no tan bueno) a este primer tomo de Ran y el mundo gris.


En mi opinión, como ocurre en la gran mayoría de buenas historias, empiezas a leer sin entender nada de lo que está pasando (una sensación estilo Kimi no Na wa, para que me entendáis); motivo por el que me sigo resistiendo a redactar un resumen mejor. De hecho, acabas este primer tomo y te sigue faltando información básica, no es que se planteen preguntas para responder en futuros tomos es que Aki Irie ni siquiera proporciona los elementos necesarios para que te puedas hacer ninguna pregunta. Y por eso es una lectura que se disfruta tanto porque no tienes que pensar en absolutamente nada sino dejarte llevar por los dibujos increíbles, las viñetas que quitan el hipo y el carácter entrañable de Ran, tan inocente como tendrían que serlo todos los niños pequeños.

Con un montón de detalles aislados Aki Irie nos permite asomarnos a un mundo entero que, de momento, ofrece posibilidades infinitas. La narración secuencial, el dibujo, el carácter de los personajes, todo en este primer tomo es excepcional y huye de lo convencional. No sólo es entretenido y agradable de leer sino que, además, es totalmente impredecible.


A base de capítulos más o menos autoconclusivos, en este tomo encontraréis una presentación básica de personajes principales y poca cosa más. Está por ver si a partir del siguiente volumen siguen las travesuras de Ran o la cosa empieza a coger más sustancia (sospecho que será lo segundo). Pero, en cualquier caso, tengo pocas dudas sobre lo que me van a gustar todos los tomos de esta serie, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien empezando a leer un manga. ¡Lo mejor de todo es que mañana mismo sale a la venta el tercer número!

sábado, 15 de julio de 2017

[Nuevas lecturas] La respiración de Copérnico

Me desconcertó con Utsubora, luego me encandiló con En la misma clase y hasta me hizo cogerle simpatía a un personaje tan exasperante como Hara (Sorano y Hara). Cuando Milky Way anunció la licencia de la Colección Asumiko Nakamura me faltó dar palmas con las orejas porque ya no se trataba de licenciar una obra adicional de esta mangaka, sino cinco (de ahí lo de "colección"). Da inicio a esta recopilación La respiración de Copérnico, una historia que gira en torno a Trinos, el payaso de un circo algo peculiar.


Si bien En la misma clase (más bien una comedia romántica) y Utsubora (que tira hacia el terreno de lo ambiguo y lo perturbador) me sirvieron para catar los contrastes que es capaz de exhibir Asumiko Nakamura en su creación artística, no imaginaba que en La respiración de Copérnico iría mucho más allá, regodeándose en la miseria y la perversión humanas, en una historia que sencillamente revuelve las tripas y no puede hacer otra cosa que angustiar al lector. Casi me da miedo que algún niño se pueda sentir atraído por los colores de la portada y se encuentre con alguna salvajada al hojear el tomo.

Porque los artistas del Cirque du Soir son circenses de día pero se prostituyen de noche, siguiendo los designios del tiránico director de circo que, además de ejercer como chulo, se dedica a sodomizar a Trinos cuando le apetece. No son mucho más afortunados los demás, que se exponen a los deseos enfermizos de perturbados con extrañas filias (de verdad, no leáis este tomo si acabáis de comer o pensabais hacerlo en breve). 


Aunque puede que el personaje más turbio de todos sea el propio Trinos, incluso más que sus abusadores, atormentado por su pasado, aceptando su martirio en silencio; la autora no deja muy claro qué opinión le merecen las personas que le rodean, bien podría tener síndrome de Estocolmo o rasgos psicópatas a juzgar por sus nulas habilidades sociales y la inexpresividad constante que le caracteriza. Trinos arrastra su desdichada existencia sin destino aparente, no parece haber nada que le reporte felicidad, y se limita a ser el juguete sexual de unos y otros, quizá con la convicción de que lo que le reste de vida debe ser una penitencia.

Es esta historia pues extremadamente explícita... hasta el punto de que aparecen desnudos integrales de personajes masculinos sin connotaciones sexuales (exacto, aparecen penes, flácidos para más inri, ¡hasta en el punto de libro de regalo!). Y tan maravilloso me parece dicho atrevimiento como espantosa la realidad de que me tenga que sorprender por algo así. Evidentemente, el material NSFW va mucho más allá, con varias violaciones y BDSM bastante hardcore. Asumiko Nakamura viene, como decía antes, con ganas de revolver las tripas.

viernes, 14 de julio de 2017

[Nuevas lecturas] Mob Psycho 100

Tras el éxito (merecido) de One Punch Man, y por mucho que uno de los alicientes para acercarse a dicho shonen sea el dibujo espectacular de Yusuke Murata, es el humor de ONE lo que creo que ha contribuido definitivamente a su popularidad. Por eso mismo, y por mucho que el dibujo tire de espaldas de malo que es, me intrigaba mucho echarle el guante a Mob Psycho 100... incluso a pesar de la acogida tan crítica que ha tenido su publicación en España.


Shigeo Kageyama, alias Mob, no es un estudiante de secundaria cualquiera. A pesar de que su presencia y carácter resultan de lo más anodinos para todos los que le rodean, tras su mirada inexpresiva y su corte de tazón se esconde un poderoso esper o psíquico. Tan desmesurado e incontrolable es su poder que a pesar de vivir una etapa tan crucial de la vida como es la adolescencia, se ve obligado a reprimir constantemente sus emociones y sentimientos por lo que pudiera pasar si diera rienda suelta a sus frustraciones (un poco como la antítesis de Haruhi Suzumiya). Su cualidad de esper no va acompañada de la más mínima astucia, autoestima o ambición por lo que deja pasar sus días lamentándose (sin mucho énfasis) por no ser más atlético y no saber llamarle la atención a la chica que le gusta. Además, ocupa su tiempo libre ayudando a un conocido psíquico (que no es más que un impostor) a exorcizar espíritus malignos.

Tanto One Punch Man como Mob Psycho 100 empezaron a publicarse en 2012 y, paradójicamente, ONE explota exactamente la misma fórmula en ambas historias. Tanto Saitama como Mob tienen un poder sobrenatural, innato, que no puede compararse al de aquellos que los rodean. Por lo demás, no son muy buenos en las interacciones sociales y no le dan ningún crédito a sus propios poderes siendo ambos de carácter más bien holgazán. No importa la potencialidad de su poder o su alcance, son incapaces de sacar ningún tipo de provecho a sus habilidades.


Si en algo sí se diferencian claramente es, como decía, en el dibujo. Como creo que no puedo ser lo suficientemente enfática para describiros cómo de malo me parece (la gente que ya se lleva las manos a la cabeza con el grafismo de Ataque a los Titanes imagino que se quedaría en el sitio si llegase a hojear Mob Psycho 100), os he dejado la viñeta de rigor. En realidad, tiene mérito que ONE haya conseguido publicar algo así y mantenerlo en el ránking durante mínimo cinco años acumulando más de catorce tomos y hasta un anime. Aunque claro, enfocándolo desde otro ángulo, me cuesta imaginar cómo una historia así puede alargarse tanto manteniendo el interés...

Este primer tomo no está mal, choca mucho al principio y cuesta meterse en la dinámica absurda pero es una lectura divertida a su manera. Creo que merece la pena echarle un vistazo sólo por lo raro que es pero a la vez hay que ir cargado de paciencia para enfrentarse a sus niveles de absurdidad. En resumen, ni es un manga para todo el mundo ni uno de esos títulos que comprarías sólo por la portada. Mob Psycho 100 ha sido, sin duda, el manga más difícil de reseñar de toda la tanda semanal.