miércoles, 28 de septiembre de 2016

Memorias de caballeros lujuriosos

También conocida, en las redes, como Memoirs of amorous gentlemen, siendo su título original Bikachō Shinshi Kaikoroku, he decidido adaptar (a mi manera) el título al castellano plagiando el estilo de Filigrana y siguiendo las prácticas editoriales más comunes ya que me parecía que resaltaría más la entrada. Realmente, podrían haber sido memorias de caballeros amorosos o incluso apasionados, pero la naturaleza perversa de todos los personajes (y es que la perversión como concepto es un tema recurrente en las reflexiones de la protagonista) pensé que la opción "lujuriosos" era la que mejor encajaba con esta obra. Evidentemente, tratándose de una obra sobre prostitución, no os recomiendo leerla en el trabajo (ni la historia en sí ni su reseña).


Colette es una prostituta en un burdel de lujo parisino, acostumbrada a presenciar y protagonizar todo tipo de obscenidades y perversiones. Para evadirse de su día a día, escribe todo lo que presencia en el burdel en una libreta que le prestó un autoproclamado autor japonés algo peculiar. Totalmente inmersa en una relación abusiva y tóxica, le da todo su dinero a su amante, que la maltrata física y psicológicamente y que se va con cualquier mujer que le dé dinero siendo Colette poco más que una más de la lista. 

Moyoco Anno se supera manga a manga retratando temas complejos desde su particular punto de vista. De hecho, la prostitución es un tema que ya trató en Sakuran con excelentes resultados y no deja de sorprenderme con los paralelismos entre ambas obras a pesar de la diferencia tanto geográfica como temporal entre una y otra. Si las oiran de Yoshiwara no podían salir del distrito rojo, las prostitutas de Maison Close no pueden salir del burdel; si la clientela en Yoshiwara debía ostentar cierto estatus, los habituales en Maison Close deben ser gente de medios; y, sobre todo, hay un mensaje muy claro: si eres una prostituta, mejor no te enamores.


En los apenas ocho capítulos que hay disponibles por scans (no tengo nada claro si la publicación de Bikachō Shinshi Kaikoroku continua activamente o si es uno de los muchos títulos que añadir a la lista de hiatus indefinido), la mangaka se las apaña para introducir violencia de género (que es absolutamente independiente a la prostitución en sí), maltrato y negligencia infantiles, melancolía romántica que ralla en la depresión, un mínimo de cuatro filias sexuales que desfilan en la delicada línea que separa la originalidad genuina de la perversión repulsiva y menciones más o menos sutiles al safismo.

Puede que uno de los grandes aciertos de la autora en la forma de tratar este sexo mercantilizado es desmitificarlo, hacerlo explícito, mostrar la absoluta desgana y cotidianidad con la que las prostitutas asumen su trabajo (o su rol, como reflexiona Colette) hasta el punto de que se ponen a hablar entre ellas e incluso con los mismos clientes mientras las están penetrando. Todas ellas aparecen inmunes a los deseos más extraños, a las perversiones sin nombre.


Y todo esto con el abrumador estilo de Moyoco Anno y sus característicos ojos que hechizan al lector. Me fascina la cantidad de detalles que es capaz de plasmar en cada viñeta, la diversidad de personajes, las expresiones faciales, los peinados... con el mínimo número de líneas posible, oponiéndose de frente a esa predilección por lo barroco tan habitual en los manga dirigidos a un público mayoritariamente femenino. Eso sí, en cuanto a la narración secuencial, resulta tan caótica como siempre, no es una historia lineal fácil de seguir, va saltando de punto de vista sin aviso, de la trama personal de Colette a los pervertidos-perturbados que desfilan por el prostíbulo, y también en el tiempo, intercalando flashbacks con la trama principal sin tener nunca el lector una referencia clara de cómo pasa el tiempo.

Ocho capítulos he leído de estas memorias y ya me muerdo las uñas a la espera de poder seguir leyendo... No pierdo la esperanza de que alguna editorial se anime con esta inmejorable autora, que se caracteriza por su fructífera producción de joseis (a colación del anuncio pendiente de Ponent) que encajarían a la perfección en el catálogo de tantas ya-no-tan pequeñas editoriales que está apostando por obras más maduras para un público adulto. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Superhéroes y superheroínas por doquier

Se me han acumulado tantas adaptaciones cinematográficas de cómics de DC y de Marvel en los últimos meses que al final no me he podido resistir a hacer una entrada conjunta para hablar, aunque sea brevemente, de cada una de ellas.


Ant-Man se cuela un poco con pinzas porque se estrenó hace ya un año pero como tardé mucho en poder verla y no encontré momento para hablar de ella antes... pues la encajo por aquí como si nada. La verdad es que es una película muy normalita, sin grandes aspiraciones diría yo, contada en una muy acertada clave de humor. Se distancia muchísimo de filmes más dramáticos como Hulk o Capitán América y la comedia prevalece incluso más que en Iron Man o las grupales de Avengers. Por supuesto, el tema de las hormigas no tiene ningún sentido y la trama se salva con un deus ex machina del todo incoherente con lo desarrollado hasta el momento. Pero nadie le quita las risas, lo bien que nos cae enseguida Scott Lang y la batalla final con el tren Thomas amenazando con arrollar a ambos contrincantes de un momento a otro. Espero que Evangeline Lily Hope haga algo decente en la secuela, ya no aspiro a que tenga una película para ella solita porque si a estas alturas no la ha tenido ni la Viuda Negra... pero al menos la próxima tiene un título algo más prometedor.


Aquí quería llegar yo. ¿Recordáis mi absoluta y profunda indignación con Man of Steel? Pues como el hombre (y la mujer) es el único animal que tropieza dos veces con la misma saga cinematográfica, vi el trailer de Batman vs Superman y fui lo suficientemente inocente como para pensar que tenía buena pinta y que, a lo mejor, la nueva entrega hasta me gustaba. Pero, siendo sincera, la película empezó a mosquearme desde el principio y hasta el final, sin descanso. Los guionistas de este estudio se resisten a aceptar que los personajes de una película puedan tener sentido común o que el CI de los espectadores sea superior a cero. Podría ir escena a escena (igual que con El Hombre de Acero de hecho) especificando todo lo que está mal pero otros ya lo han hecho y mejor de lo que lo haría yo. La trama no se sostiene por ninguna parte, el malo es malo porque sí y se supone que es muy inteligente pero al final parece que sencillamente es un demente, la disputa entre Batman y Superman es absurda, y se soluciona de forma aún más absurda, el guión que se supone que se había ido construyendo durante el largometraje cae por su propio peso y da lugar a una escena interminable y aleatoria de acción que prescinde de todo el conocimiento que tenía el espectador hasta entonces. Desesperadamente mala; no os torturéis viéndola.


La nueva entrega de Los Vengadores encubierta bajo el título de Capitán América: Civil War me pareció mucho más acertada. De hecho, es incluso mejor que Age of Ultron y salen casi todos los vengadores aparecidos hasta entonces (con la excepción de Hulk y Thor que parecen haber renegado de la humanidad)... ¡¡más algunos nuevos!! Mención especial a Spiderman por favor, que es su enésimo reboot pero puede que sea el mejor (y mención especial también a la escena post-créditos en la que realmente no pasa nada pero que nos confirma que lo del reboot es en serio). Ya sólo falta que metan también a Guardians of the Galaxy y todo será un despiporre (espero la mezcla de cara a 2032 o así). Es curioso porque el motor argumental de este filme no deja de ser equiparable al de Batman vs Superman (de hecho, los paralelismos entre ambas tramas son abrumadores) pero se enmarca en un desarrollo de la trama mucho más creíble, donde los múltiples personajes se caracterizan por su humanidad abarcando emociones y sentimientos tan variopintos como: la venganza, la lealtad, la amistad, el amor, la pena, el arrepentimiento, la rabia y la compasión. A cada personaje lo motiva uno distinto en cada una de sus acciones y es esa red de sentimientos cruzados la que sustenta toda la película y te hace salir del cine con una sensación de satisfacción.


Pero esperad, porque por mala que haya dicho que es Batman vs Superman, X-Men: Apocalypse no le va a la zaga precisamente. En este frenesí de viajes adelante y atrás en el tiempo, los guionistas deciden aprovechar el filón de la nueva generación de mutantes (también conocida como los de la trilogía original en su versión rejuvenecida) y se sacan un nuevo mutante malvado y todopoderoso recurriendo al consabido tópico de la civilización egipcia (las pirámides venden mucho y muy bien) de la manga (bueno, de un cómic supongo). Creo poder decir sin miedo a equivocarme que el único motivo para querer ver esta película es la escena de Quicksilver (que ya era lo mejor de Days of Future Past y lo sabéis). El personaje de En Sabah Nur me aburre lo que no está escrito y la desdicha y miseria continuadas a las que exponen a Erik me parecen desmesuradas cuanto menos.  


Suicide Squad es quizá la película que más me cuesta comentar porque no me puedo posicionar ni completamente a favor ni completamente en contra. Por un lado, me lo pasé muy bien viéndola, me mantuvo enganchada a la butaca y, considerando las anteriores películas de DC, diría que alcanza la categoría de peliculón. Por otro lado, pretender que fuese coherente o que el argumento como tal valiese la pena era esperar demasiado. Desde el principio, no tiene mucho sentido que habiendo varios superhéroes pululando por el lugar, una persona capaz e inteligente realmente piense que trabajar con villanos desequilibrados sea una solución. Además, la selección de los mismos es totalmente aleatoria... la gran mayoría de ellos no me parece que ofrezca ninguna ventaja significativa sobre un soldado bien entrenado "cualquiera". Pero el caso de Harley Quinn es especialmente sangrante que parece que sólo esté por allí para enseñar el culo porque ya me diréis que ventaja ofrece una chica con un bate... EN FIN. Además, juegan con la peligrosa idea de que un asesino (varios en realidad) inspire compasión. Que ya me parece bien que las cosas no sean simplemente blancas o negras y que una persona pueda arrepentirse de sus actos pero es un terreno delicado por el que los guionistas deberían pasar de puntillas para no cortarse.

En otro orden de cosas quería comentar que, si juntamos las cuatro películas (Ant-Man no la cuento por el ya comentado irrisorio papel de Hope), ¡tenemos un elenco de personajes femeninos más o menos cañero y plural (todas blancas, delgadas, jóvenes y guapas claro)!




Anda, pero si ahora que me fijo, de estas cuatro, tres acaban representando serias amenazas para la humanidad... qué malas somos las mujeres. Nunca va a dejar de sorprenderme que siendo tan minoritario y secundario el rol de las mujeres en todo este tipo de películas (X-Men es una clara excepción aunque los protagonistas siguen siendo dos hombres, Magneto y Xavier) que se supone que van dirigidas a todos los públicos, aún haya gente que crea que el test de Bechdel es una mamarrachada. Que entiendo que los cómics originales son los que son pero no sé, digo yo que se podrían incorporar algunas innovaciones en las películas. Esperaría Wonder Woman con ganas pero tropezar por tercera vez ya me parece excesivo (una película sólo para la viuda negra o la bruja escarlata tampoco estaría mal...).

domingo, 7 de agosto de 2016

All My Darling Daughters

Although I haven't talked about the magnificent Ooku series for a long time now due to my tragic break up with bookdep, the All My Darling Daughters one-shot have being awaiting its moment within my shelves for years. Now that I'm resolved to reduce the non-read-manga-volumes-list, this compilation of short stories created by Fumi Yoshinaga appeared really appealing.


After surviving cancer, the 50-year old widow Mari decides to marry a younger than her daughter prior host, thus immediately rising the suspicions of Yukiko who feels certain about the dubious intentions of Ken.

In my humble opinion, there are several overlooked issues in manga, one of them being mother-daughter relationships which, as the title already suggests, are obviously addressed in this first chapter. Actually, I think I had never read about how an adult women (Yukiko is already in her thirties) felt about her mother before and, even more, I had never read about a 30-year old woman who still lived with her mother! I love how the author portraits arguments between them, including the classic conflict of messy teenager rooms.


Not only that, but Fumi Yoshinaga also lets an old woman to marry a younger man which basically defies a so to speak stone-written gender role... How many times have we watched a mature old man started dating a young women (or even an underage girl) in fiction? And the other way round? This direct criticism towards palpable Japanese (and universal) sexism will be present in every single chapter of the anthology.

Kiyo is an adjunct lecturer at the university and doesn't know how to react when one of his students shows up in his office demanding to do him a blowjob.

The second chapter of this anthology is as disgusting as you are guessing. Don't expect the author to make characters evolve so you stop wanting to slap them on the face because she doesn't. Actually, I would say, the further the plot goes, the worse it becomes. Maiko has no self-esteem to be found, Kiyo supposedly doesn't like the situation because Maiko is so ugly and weird but... who would say no to free blowjobs every day, right? God, this story really made me want to puke.



Anyhow, it is sadly true that there a lot of women that believe they have to be outstanding sexual partners in order to be in a couple. And, of course, having a boyfriend is mandatory if one wants to be happy... even if he insults you, abuses you or despises you continuously. I mean, if it weren't so sad, I would laugh at the fact that Maiko has a complex with her really big breasts but ends up being glad that men prefer them that way. Having a complex itself is bad enough but caring more about what society thinks than what you feel is... outrageous.

Sayako has trouble finding a boyfriend so she ends up looking for an arranged marriage but no candidate seems to be adequate for her.

This may be the story that exasperated me the most since it could have been so good and ends up so poorly. Sayako has it all: she is beautiful, she is skilled, she is intelligent, she is hard-working and she is gentle. Unexpectedly, she isn't married yet nor has she a boyfriend. Being Japan such a retrograde country, Sayako feels she should look for an arranged marriage. But, candidate after candidate she rejects them all.


The situation seems to be turning around when she mets a disabled man whom she starts to grow fond off but, then again, the author chooses to surprise her readers once again. The plot was making me think Sayako was going to come out as a lesbian but Yoshinaga goes far beyond that pretending to be so groundbreaking. Well, she made me feel so disappointed... not only for the romantic part of it but for the working one! Being a capable person while enjoying helping others, Sayako's choice feels nothing but irresponsible. You know: with great power, comes great responsibility.

When they were still on middle school, Makimura and Saeki vowed to be successful women when growing up but reality does not usually fits childhood's dreams.

And here goes another really troubled chapter depicting merciless gender inequality, sexual harassment and gender violence in Japan. Because it has them all: sexual abuse, sexual discrimination, and unfairly different standards for male and female work loads.


With a very subtle narrative, Fumi Yoshinaga explores long-term effects of childhood abuse which root deep in forging an individual's personality and philosophy. Evidently, the author couldn't possibly be at ease exploiting only one serious subject so she additionally discusses the role of women in the working market: discrimination, precariousness, unreasonable beauty standards for office work (where you are not supposed to interact with the public), etc.

Yukiko's grandma got bullied due to her appearance so she raised Mari, Yukiko's mother, to never feel proud about her beauty so she wouldn't turn as an arrogant bully herself.


Fifth and last chapter may be my favorite. The author uses the death of Yukiko's great-grandmother to explore (again) mother-daughter relationships. On this occasion, she delves into how life events and, more specially, early experiences, shape our character and our future decisions. Thus, it is very common that couples who were raised by strict parents will be too indulgent with their children and, then again, their children will be stricter anew in a continuous struggle across generations.

To sum up, Fumi Yoshinaga addresses countless sexist issues women have to endure in Japanese society affecting all spheres: love, family and work. In her effort, she may be exceeding one-shot resources, exploring too many different subjects at the same time and thus, not developing them enough. Nevertheless, I would say All My Darling Daughters is an interesting and (japanese like) feminist(~ish) read highlighting very common problems Japanese women experience in their everyday lives.

viernes, 5 de agosto de 2016

La Reina Orquídea / Teresa / Panorama esperanzador

Desde que leyese (o me paseara por sus viñetas, más bien) Fantasmas, no le he quitado el ojo a la editorial El verano del cohete. Es por eso que antes incluso de su publicación, ya conocía (y codiciaba) la obra que me ocupa hoy. De hecho, me parece una oportunidad perfecta para daros a conocer esta editorial alternativa, animaros a comprar sus obras, y agradecerles que me enviasen por correo hace ya año y medio (un agradecimiento tardío, lo sé) y de forma absolutamente gratuita el ex-libris de Fantasmas. Sé que lo hicieron, a su vez, porque se sentían agradecidos por mi reseña pero es la primera y única vez que una editorial me ha hecho un obsequio derivado de mi labor con el blog así que aún me genera satisfacción recordarlo.


Teresa y Matilde se disponen a afrontar otro largo y aburrido verano. Como todos los años, llevan a cabo un extraño ritual en el que piden un deseo como si acabasen de ver una estrella fugaz. Los días transcurren entre quejas y bromas, hablando de sus series favoritas, lamentándose por la excesiva disciplina de sus padres... Sin embargo, el anacrónico escenario, la aparente indolencia derivada de la falta de rasgos faciales y el aislamiento de las dos adolescentes que parecen ser las únicas habitantes de su pequeño universo, invitan al lector a ponerse en guardia por lo que pudiese pasar.

Es increíble que con apenas dos días de diferencia decidiese leer sendas compras que hice en el GRAF hace ya casi cinco meses. Increíble porque no escogí Gummy Girl y La Reina Orquídea como lecturas consecutivas de forma deliberada pero una vez terminada esta última mi mente no puede evitar trazar paralelismos entre ambas. La protagonista adolescente, el conflicto de la sexualidad, el tinte sobrenatural, de nuevo la metáfora de la madurez y el cambio; también se asemejan en el grafismo: particular, llamativo y personal en ambos casos, con estéticas casi diametralmente opuestas y con una escala cromática muy reducida como único nexo en común. Hasta el número de páginas es el mismo. Este tipo de coincidencias no hacen otra cosa que asombrarme. 


La complicidad entre Teresa y Matilde es genuina. Se pasan el día discutiendo sobre nimiedades y aspectos superficiales pero, cuando una cuestión seria aflora en la conversación, rápidamente se cambia de tema o se intenta bromear sobre el asunto sin mucho acierto. Son dos chicas que tienen un mundo interior cada vez más complejo pero que ni saben materializar en palabras ni quieren compartir en su despiadada inmadurez.

El autor no nos cuenta absolutamente nada de forma directa. Tenemos que inferir de los silencios, las pausas, y de las aparentemente triviales divagaciones de ambas protagonistas, el mensaje real de La Reina Orquídea. Siendo honesta, creo que va más allá de lo que yo he sido capaz de percibir pero confío en futuras relecturas para poder interpretar mejor ese inopinado final.


Complementan la lectura un par de libritos de ilustraciones: Teresa y Panorama esperanzador. A pesar de que las nuevas imágenes aluden a La Reina Orquídea, el nulo diálogo y la simplicidad de las mismas dificultan todavía más extraer alguna clase de sentido... Aunque se hace todavía más patente ese anacronismo que comentaba antes manteniendo escenarios clásicos del cómic madre (por llamarlo de alguna forma) pero introduciendo elementos contemporáneos como colegialas en uniforme. Aunque más que eso, se adentra definitivamente en el terreno sobrenatural, ya no tanto con la trama sino puramente con las ilustraciones, más que viñetas, que muestran híbridos deformes y alguna que otra ley de la física puesta en entredicho.

El contraste continuo entre contenido y continente, femenino y masculino, obediencia y rebelión, confinamiento y libertad, posesiones y vacío, anhelo, resignación y desidia, hacen que el conjunto sea extraño como pocos pero delicioso a la vez. No le quito el ojo a futuras creaciones de Borja González (y, probablemente, vosotros tampoco deberíais).

miércoles, 3 de agosto de 2016

Historia de un vecindario

Aunque tenía demasiado recientes los spoilers de las aclas del primer tomo de Paradise Kiss (donde básicamente destripan media trama de Historia de un vecindario, tras haber destripado la otra mitad a lo largo de la propia secuela), tenía también muchas ganas de seguir leyendo las aventuras de Mikako y compañía, aunque fuese retrospectivamente así que no me pude resistir a elegir este manga como siguiente lectura.


A ratos, tras quedar maravillada con un capítulo más de esta obra, me abstraía preguntándome por qué es tan sobresaliente un shôjo de instituto, con sus polímeros amorosos, su protagonista testaruda, su interés amoroso buenazo, los celos, la incapacidad para reconocer que se está enamorado... ¿Qué diferencia Historia de un vecindario de otros shôjos de instituto del montón (si me perdonáis la expresión)? Ai Yazawa es sublime tanto en la presentación como desarrollo como diseño de los personajes. De una a otra obra no deja de alternar entre protagonistas patológicamente responsables, otras que son más buenas que el pan, las inocentes, las caprichosas, las emocionales, las inestables, las gélidas, las espontáneas, las impetuosas... Todas tienen virtudes y defectos y a todas se las termina aceptando tal y como son en una espléndida gala de la diversidad humana.

Mikako es testaruda y decidida pero también tiene una faceta vulnerable, que se esfuerza en ocultar, reticente a llorar en público, a ser sincera consigo misma y con los demás, a confesar sus sentimientos. No tiene mucho éxito entre los chicos por su carácter fuerte y sus arrebatos de ira. Lo que más me gusta de ella es que es una persona muy introspectiva, consciente de sus carencias, que lucha por cambiar, ya no por agradar a su pareja sino porque cree que tanto sus amigos como su madre se merecen que les demuestre su cariño más a menudo.


Pero, como en todas sus obras, por mucho que Ai Yazawa escoja uno de sus múltiples personajes como protagonista de su última obra, dedica casi tanto espacio a desarrollar las relaciones de los secundarios. En este caso, de Yuusuke y Mariko, de Risa y Takeshi (aunque en este caso sea más anecdótico que otra cosa) y de los padres de Mikako. Esto le permite dos cosas: la primera, desarrollar todo tipo de relaciones; ¿la segunda? desarrollar todo tipo de personajes. Encontraréis amores a primera vista, amores de largo recorrido, relaciones que se fundamentan en la atracción sexual más que en la afinidad, relaciones a distancia, primeros amores... De la misma manera, encontraréis chicas muy maduras para su edad, chicas muy infantiles para su edad, chicos pasotas, chicos macarras, y, mi favorita, la personificación de la superficialidad y la promiscuidad femeninas que se reúnen en el personaje de Mariko.

Mariko es, desde el principio, un personaje insoportable. Para los chicos, es un pibón al que conquistar. Para las chicas, es una mujerzuela roba-hombres sin ninguna aspiración. Es muy fácil dejarse llevar por la superioridad moral de la que se considera mujer de bien, como si serlo concediera el derecho automático de poder criticar y prejuzgar a las que no lo son. Es un tipo de personaje que la mayoría de los autores evitan en sus obras o, en el caso de que lo incluyan, será siempre como la mala que se quiere ligar al protagonista, o como un personaje de relleno, al que mirar despectivamente. Pero parece ser que se requiere mucha valentía para meterse en la cabeza de una gal, o de una choni, o de cualquier tipo de persona cuya conducta nos parezca moralmente reprochable sólo porque no se ajusta a nuestro estilo de vida. Sin miedo, Ai Yazawa intenta, y consigue, comprender por qué se comporta cómo lo hace además de evidenciar que no hay ningún argumento sólido para entender como inherentemente negativa su personalidad. Mariko es una chica normal, muy sincera, que da muchísima importancia a las apariencias (como tantas otras personas), dependiente, que no es capaz de liarse con un tío sin vincularse emocionalmente con él, que no es capaz de estar sola, que siempre está sufriendo, que está atrapada en una carrera que no le llena, y que responde siempre con malas maneras cuando se ve amenazada.


Como ya me pasó en Paradise Kiss, me he reído mucho con el diálogo personaje-lector, haciendo meta-referencias constantes a asuntos ajenos a la trama aludiendo directamente a la serialización en una revista de la historia. Personajes quejándose de que no les sacan suficiente, haciendo bromas sobre quién es el protagonista real, el drama de darse cuenta de que ya es el último capítulo y la autora haciendo cameos hilarantes.

Se ríe mucho también de los roles de género. Por un lado, atribuye a las chicas todos los estereotipos femeninos, tanto positivos (responsabilidad, inteligencia emocional) como negativos (tendencia a llorar por todo, dependencia de una figura masculina) pero luego se planta con Mikako y Ruriko, dos mujeres que viven solas desde hace años, independientes, sin complejos, trabajadores y con un carácter firme y duro. En este sentido pone la guinda al pastel cuando Ruriko contrata a Kisaragi como chico para todo, utilizando un guaperas de manual para cocinar y limpiar, tareas que las mujeres de la casa prefieren ahorrarse.


Ai Yazawa no se deja ni una esfera por tocar, abarcando todos los aspectos relevantes de la vida, incluidas la familia y las amistades, en una sola obra que, en ningún momento se hace larga o pesada. De todas formas, la relación amorosa entre Mikako y Tsutomu se posiciona casi siempre en un segundo plano, no hacen grandes avances en su relación y el tema central de toda la obra es la pasión de Mikako por la costura, dando una tremenda relevancia al crecimiento personal ya no mediado por las relaciones interpersonales sino por las aspiraciones y sueños y el sacrificio que uno está dispuesto a realizar con tal de alcanzar sus objetivos. En todo momento queda muy claro que por mucho que quiera a Tsutomu, para ella lo más importante es su sueño y está dispuesta a darlo todo por él. De la misma manera, la autora también ahonda en las aspiraciones del resto de personajes que pocas veces se muestran ociosos: Ruriko, la madre de Mikako, es manga-ka y se pasa noches enteras en vela para llegar a tiempo al plazo de entrega; Mariko, normalmente holgazana, tiene la valentía de abandonar los estudios para dedicarse a aquello que le llena;  Yuusuke, que suele ser un pasota y parece que todo le dé igual, decide volcarse en su talento artístico... y así con todos.


Es curioso como no dejo de identificar referencias veladas a Nana por todas partes, siendo Risa y Takeshi casi prototipos de Nana y Ren, tanto en el físico como en la personalidad, sobre todo teniendo en cuenta que Historia de un Vecindario comenzó su andadura editorial cinco años antes que Nana... De la misma manera, el cuarteto protagonista de No soy un ángel va haciendo apariciones estelares, muy bien encontradas, en varios capítulos de la historia. Ni que decir tiene que la similitud entre Tsutomu (protagonista masculino de Historia de un Vecindario) y Ken (segundón eterno de No soy un ángel que se queda más sólo que la una tras el rechazo de Saejima) es sencillamente magistral.

Ya que hablo de referencias ingeniosas, casi me emocionó que Tsutomu y Mikako alabaran El juguete de los niños, siendo este un shôjo que tanto me marcó cuando apenas comenzaba en el mundo del manga.


Antes de terminar me gustaría ensalzar la edición de Planeta, que licenció la edición Kanzenban, en cuatro gruesos tomos de más de 300 páginas, con bastantes páginas a color. Como Ai Yazawa llena todas sus viñetas de personajes, bocadillos y pequeñas anotaciones en los márgenes cuyo minúsculo tamaño no refleja su importancia (¡no te puedes saltar la lectura de ni uno de ellos!), la lectura de estos tomos se hace eterna (en el buen sentido de la palabra). Y ya sabéis, ningún personaje de relleno está puesto al azar.

Creo que la longitud de esta reseña habla por sí sola. Historia de un vecindario es una obra magnífica, densa, completa, divertida, polifacética, profunda, motivadora, coherente, trabajada, peculiar, diferente... Me tengo que frenar a mí misma para no seguir escribiendo porque la autora ha querido aprovechar cada rincón de cada viñeta para añadir detalles que la enriquecen y, de la misma manera, yo podría dedicar un nuevo párrafo a cada aspecto que aborda la autora, como el bullying, el divorcio, o los trastornos psicosomáticos. Pero estos aspectos los guardo para que los descubráis vosotros mismos con la lectura de esta historia de un vecindario.

lunes, 1 de agosto de 2016

Fun Home: Una familia tragicómica

Los que me seguís en twitter puede que ya hayáis leído esta reseña ya que con ella me estreno como colaboradora en NEUH, una comunidad formada principalmente por autores de cómic (aunque también hay escritores e ilustradores, entre otros) que se autoeditan pero que no por ello consideran que aquello que crean forme parte de un simple hobby. Es una iniciativa que me gusta mucho así que estoy encantada de aportar mi granito de arena colaborando con mis reseñas.

He escogido como carta de presentación mi crítica sobre Fun Home, un cómic que reservé en la biblioteca tras la vehemente recomendación de Fran, sin saber muy bien qué me iba a encontrar y con la concreta pero a la vez vaga información de que fue Alison Bechdel la que popularizó el famoso test de Bechdel.


El padre de Alison es afeminado. Alison encaja desde pequeña en el perfil de marimacho. El hogar de Alison nunca se ha caracterizado por las risas y los abrazos. Alison nunca supo relacionarse con su padre. Ni su padre con ella. Cuando Alison decidió salir del armario no esperaba descubrir la homosexualidad de su padre... ni que muriese en circunstancias sospechosas apenas unas semanas más tarde.

Fun Home es una autobiografía y, como tal, trata una ristra de temas complejos que, aunque pueda parecerlo en un primer momento, no se limita, ni mucho menos, a abordar el estigma, las dudas y las dificultades experimentadas por las personas homosexuales. Sí es cierto que absolutamente todos los capítulos giran en torno a la homosexualidad o bien de su padre o bien de la propia Alison. Pero al final no deja de ser un tema de fondo que no quiere ser protagonista sino tan sólo el marco teórico para desarrollar los hechos, ya que tanto la infancia como la adolescencia de Alison están supeditadas tanto a su homosexualidad como a la de su padre.


Sin embargo, la relación entre padre e hija es, en realidad, el tema central, como se hace cada vez más evidente al acercarnos al final del volumen, con densas reflexiones que ligan la historia personal de la autora con el Ulises de Joyce. A pesar de lo obvio que resulta desde un punto de vista retrospectivo, adulto y maduro, cuando era pequeña, Alison no podía saber que sus circunstancias familiares no eran, precisamente, de lo más normales: que no es normal que sus padres discutieran constantemente, que no es normal que nunca le dieran un beso de buenas noches, que no es normal que nunca le demostraran afecto, que no es normal que jugase con los ataúdes de la funeraria familiar y que no es normal que viese un cadáver desnudo y abierto cuando apenas empezaba la pubertad.

A pesar de la crudeza de prácticamente todo lo que relata, Alison es siempre directa, sincera y ácida: ironizando con las faltas de su padre (su presunto suicidio incluido), explícita en la vivencia de su sexualidad. En este cómic, la autora se abre sin reservas al mundo, confesando hasta sus secretos más íntimos, sus carencias, sus anhelos y sus contradicciones. Tanto es así que cita sin pudor su propio diario y hasta algunos fragmentos de las cartas que se intercambiaron sus padres al poco de conocerse. Por estos detalles creo que hay que valorar no sólo el esfuerzo artístico de Alison sino también la valentía de su madre, que le dio permiso para divulgar su vida personal.


Por supuesto, son las extraordinarias circunstancias familiares de Alison las que, hasta cierto punto, enriquecen la lectura de Fun Home pero, más allá de la narración objetiva de todo lo que le ocurrió en su infancia, la autora estructura, selecciona y ordena los distintos fragmentos de forma exquisita, estableciendo paralelismos constantes entre la vida de su padre y la suya profundizando en las verdaderas causas de muchos de los problemas que tuvo de niña, llegando a desarrollar un trastorno obsesivo compulsivo de niña para lidiar con la conflictiva situación familiar.

Como me pasó con El almanaque de mi padre, siento que la autora se reconcilia hasta cierto punto con su padre, señalando de forma pormenorizada cada una de sus faltas pero también sus virtudes. Quizá lo que más me ha llamado la atención es toda la jerga homófoba que utiliza Alison para referirse a su padre tratándolo de afeminado e incluso considerando que ella debió asumir el rol de (mari)macho ya que su padre no ejercía como tal en la familia. Son unos comentarios que me han hecho pensar mucho en los roles de género y en cómo de confundidos están los estereotipos en lo que respectan a la identidad y orientación sexual. Técnicamente una mujer que se identifica como hombre es un hombre trans mientras que una mujer que siente atracción por otras mujeres es una mujer cis lesbiana... pero la extrañeza que muestra Alison por su cuerpo y los roles asignados al mismo junto con los insultos que propia a su padre por ser marica me hacen pensar que es todo mucho más complicado de lo que pensaba, y más hace algunas décadas...


Las constantes menciones a clásicos tanto de la literatura anglosajona (Hemingway, Scott Fitzgerald, Joyce) como de la literatura universal (La Odisea) y el rico compendio LGTB (Colette, Orlando, Frutos de Rubí, entre muchos otros) complementan la lectura elevándola a otro nivel... Precisamente, lo que quiero transmitir es que Fun Home tiene muchas lecturas, muchos niveles, muchas capas que explorar. Es a la vez, confesión, reflejo y reflexión, historia, costumbrismo y hasta catálogo literario-filosófico. Estoy segura de que podréis sacarle el jugo, que el mensaje que os llevéis será distinto para cada uno y que, yo misma, cuando lo relea dentro de un tiempo, también lo podré disfrutar de una forma distinta. Recomendadísimo es decir poco.